Cesaraugusta

criador de Pastor Alemán

José Ignacio Rubio

Núm. afijo: 616; FCI núm. 61 / 72

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Reforzamiento del vínculo alimentario


Autor: Amalio Lasheras <amalio@amalo.com>
Original en  http://www.voraus.com/

ANTECEDENTES

El reforzamiento del vínculo alimenticio constituye una manera natural de establecer una ligadura positiva entre el hombre y el perro y de modificar1 a nuestro favor competencias y jerarquías, es, además, muy fácil de implantar. Está basado en la utilización de una de las necesidades primarias2 más fuertes relacionadas con la supervivencia, tal como es la de alimentarse, y en aprovechar la dependencia que tienen de la madre, durante largo espacio de tiempo, los animales evolucionados. Cuando digo alimentario me refiero tanto a la comida sólida como a la líquida, a la necesidad de comer, pero también a la de beber, ya que la sed es con mucho una necesidad más perentoria de satisfacer que el apetito. Convenientemente utilizado jerarquiza al hombre, con respecto al perro, como un componente superior de la manada, y en un plano distinto. En realidad nunca conseguiremos que nos vean totalmente como a alguien no competitivo, ya que el perro es, y siempre seguirá siendo, un animal jerárquico. Durante toda su vida va a tratar de demostrárnoslo, lo que pasa es que, si la jerarquía está bien establecida a nuestro favor, lo hará con un lenguaje tan sutil que nos pasará desapercibido.

El vínculo alimentario es una de las relaciones más mencionadas en todos los capítulos que se refieren a la conducta canina, pero nadie ha desarrollado una metodología apropiada sobre el tema. Simplemente se menciona como si se tratara estrictamente de dar de comer al animal y... basta. No es así.

Ésta dependencia es tanto menos fuerte cuanto más precoz sea una especie. Por el contrario, en las especies altriciales y, por lo tanto muy indefensas durante la infancia, como es el perro, se da el caso, de que el desamparo y la dependencia hacia los padres es tanto mayor cuanto mayor sea el nivel evolutivo alcanzado, y... el perro es un animal muy evolucionado. Entre los mamíferos, la dependencia alimentaria se manifiesta inicialmente desde el cachorro hacia la madre por razones obvias: el padre no posee la capacidad de producir leche.

Esta dependencia del cachorro hacia su madre para alimentarse, crea una relación de dominancia que se establece sin necesidad de ningún tipo de agresión ni violencia, es un tipo de dominancia de tipo matriarcal3.

Por otra parte los perros domésticos conservan durante toda su vida una serie de características físicas y mentales infantiles, lo cual es una de las características que más los diferencian de los cánidos salvajes. Nosotros vamos a fomentar esta capacidad de neotización a favor de una mejor convivencia, prolongando la dependencia del animal lactante y estableciendo un nexo con la de la alimentación sólida y utilizándola para reforzar nuestra preeminencia al sustituir a la madre como proveedores de la comida durante toda la vida del perro.

Es una manera intensiva de socializar, que no emplea, ni produce, ningún tipo de traumatismo, ni físico ni psíquico, y que no interfiere con ningún otro tipo de manipulación, ni socialización, ni imprinting4, más bien es complementario. Crea la base para que el carácter del perro se desarrolle de una manera sana y equilibrada, pues es previo o simultáneo a cualquier otro tipo de maniobra. Debe continuarse durante la vida entera del animal.

El perro utiliza sus sentidos para relacionarse socialmente, para ello recurre al olfato, al oído, a la vista, al tacto, a las sensaciones térmicas..., ahora nos centraremos en el apetito y la sed. Conforme un animal está más alto en la escala evolutiva, es menos propenso a las impregnaciones, en cambio aumenta su capacidad para socializarse o, en el caso del perro, para dejarse acondicionar, esta socialización no tiene que ser necesariamente con un único sujeto o especie, sino que puede hacerse con varios al tiempo o sucesivamente. Tenemos que conseguir trabajar para hacernos líderes a la manera de una madre adoptiva y con un carácter heterocrónico que nazca y muera con el animal. Con respecto al hombre, tenemos que conseguir que el perro sea siempre un cachorro dependiente5.

Las agresiones hacia humanos aparecen, generalmente, en contextos competitivos: por quitar la comida, o algún juguete o posesión al perro, por molestarle mientras come o descansa, por quitarlo de su rincón favorito, por celos, por castigarlo física o mentalmente, por someterlo a una gran presión o establecer un duelo de miradas con él. En el común de las razas se presenta entre el primero y el segundo año de vida y, principalmente, en machos. Por eso es elemental empezar lo más pronto posible, aunque hemos podido experimentar con pleno éxito con perros adultos.

Al acostumbrar a comer y beber juntos a varios perros se consigue forzar su socialización. Ésta socialización está controlada por el dueño, que actúa como moderador. Ésta relación de perro con perro dulcifica sus relaciones, pues se educa para evitar las agresiones clásicas en uno de los momentos de mayor tensión: durante la alimentación. Evitado lo máximo, es muy improbable que se produzca lo mínimo.

OBJETIVOS

Si se efectúa la técnica correctamente se prolongará la relación de subordinación que existe durante la época de lactancia hacia el proveedor del alimento, la madre, durante toda la vida del animal, sustituyendo a la madre por un nuevo sujeto: el hombre. El perro aprenderá a convivir con las personas sin necesidad de recurrir a sometimientos ni adiestramientos, los hombres no serán considerados Alfas ni Súper-Alfas, sino una especie de Alfa materno, por fuera y por encima de las consideraciones de competencia. No hacemos más que prolongar una característica de neotización, como tantas otras, que permanecen en el perro doméstico durante toda su vida.

En concreto: la alimentación no constituye más que el instrumento por medio del cual mantenemos la relación existente entre madre e hijo durante toda la vida de éste. El objetivo es sustituir a la madre por el ser humano y conseguir que éste vínculo, que normalmente es efímero, dure toda la vida del manipulado. El sujeto puede ser un solo individuo, una familia o, por extensión, toda la especie humana. Depende de cómo realicemos las maniobras.

A mi modo de ver expongo las dos situaciones de jerarquización hombre-perro que se dan normalmente, siendo para mí la primera la normal y deseable y, la segunda, una conducta indeseable.

  1. El perro puede ver, efectivamente, un Súper-Alfa o, en este caso, un dominante de tipo matriarcal, en la especie humana, pero no súper en el sentido solamente de superior, sino también de diferente6. Es la conducta ideal a buscar entre dos o varios seres de especies tan distintas y con relaciones tan peculiares. Es una conducta totalmente deseable y correcta. En ella no se da ninguna fricción jerárquica, pues los protagonistas se relacionan por medio de una dominancia de tipo no agresivo.
  2. Algunos perros, con carácter que debería ser excepcional, imaginan al ser o, a los seres humanos, como a alguien de su especie, lo que se identifica con la visión de los naturalistas románticos. Es una conducta anómala y enfermiza, aunque por desgracia demasiado corriente, que genera una serie de problemas que pueden llegar incluso a la agresión por parte del perro hacia el ser humano al entrar éste en su esfera de dominancia y en la lucha por el liderato, son casos de una dominancia que puede llegar a ser agresiva. Todos los perros que nos hacen padecer su dominancia agresiva pertenecen a este segundo grupo.

Por explicarme más claramente extrapolo el tema a la especie humana y con un par de ejemplos:

  1. Nos situamos en una sociedad humana con sus clases sociales bien establecidas, en la cual, como es natural, se dan los clásicos movimientos de ajuste. Esta sociedad es <<creyente>> de alguna religión, monoteísta o politeísta, da lo mismo. Ese Dios o esos dioses serían los Súper-Alfas y su estatus no entraría en conflicto con los de los humanos. El hombre, o los hombres, volviendo a los perros, serán como el Dios, o los dioses, de esos seres humanos, bajo el punto de vista de los animales del primer grupo.
  2. En otras sociedades, como en la antigua Roma y en muchas otras, se podía deificar al dirigente máximo. Esto no impedía que en un momento dado, y si este gobernante no cumplía las expectativas, o si se quería cambiar de líder, se recurriera al asesinato de este dios-hombre. Tenemos muchos ejemplos de esto en la historia. Éste es el segundo caso: el hombre considerado por el perro como un Alfa, es decir como alguien de su manada y, por lo tanto, como dominante o como objeto de dominio, mediante la lucha jerárquica.

Objetivos con el hombre: El principal consiste en conseguir que el perro considere al hombre como un Súper-Alfa, o un matriarca, fuera, por consiguiente, de las competencias por el poder y eliminar todas las fricciones que puedan surgir en la lucha por la jerarquización.

Con los perros: El objetivo secundario es crear una sociedad canina sin fricciones de subordinación ni preeminencia entre congéneres.

QUIÉN LO DEBE HACER Y CUANDO SE DEBE COMENZAR

Contemplamos dos etapas muy definidas:

1.- Desde el comienzo de la alimentación sólida, aproximadamente al mes de edad, hasta la entrega del cachorro al propietario. Es muy importante, pues, que el criador comience a sustituir a la madre en el momento de cambiar a la alimentación sólida.

  • Esta etapa es responsabilidad exclusiva del criador
  • El plazo más importante es el comprendido entre la desde la sexta hasta la decimosegunda semana de vida7. En éste período de tiempo parece ser el ideal para una correcta socialización
  • Es tan importante para mejorar la relación entre los hermanos de camada, como para preparar la futura relación con otros perros, como, también, con las personas, aunque por motivos diferentes
  • El manipulador mete la mano en el recipiente donde comen los cachorros, les da la comida con su mano y, muy importante: está atento para calmar a los más agresivos8, siempre con suavidad, pero con firmeza, si fuera necesario cambiando de lugar y tranquilizando al más agresivo y, riñéndole si es necesario. ACTUANDO SIEMPRE COMO ALGUIEN QUE DA, QUE CALMA Y QUE CONTROLA, NUNCA COMO ALGUIEN QUE COMPITE
  • Por esta causa, y por otras que no hacen al caso, conviene entregar el cachorro a su nuevo propietario antes de los tres meses de edad
  • Es responsabilidad del criador aleccionar debidamente al nuevo propietario para que siga maniobrando con el cachorro, sobre todo si el perro va a tener que convivir con una familia o con otros perros

2.- La segunda etapa es responsabilidad directa del dueño. Comienza desde que el animal entra en la nueva casa

  • Desde el primer día hay que comenzar a dar de comer al nuevo perro con la mano. En su recipiente, pero con la mano, acariciando y calmando, procurando no molestar, que nos huela la mano, que nos vea, hablándoles con suavidad, acariciando sin importunar... sin incomodar nunca
  • Hay que evitar totalmente cualquier tipo de roce y competencia con el perro, todo tiene que transcurrir con entera suavidad y armonía... sin ningún tipo de pique
  • En cuanto el perro se haya hecho a la nueva situación se debe intentar que comparta comida con otro u otros perros, sí los hay en la casa. Siempre, claro está, que el perro, o los perros, adultos estén acostumbrados a comer juntos
  • Seguramente será el cachorro el que intente gruñir o disputar la comida, hay que calmar inmediatamente, con suavidad, pero con firmeza, al rebelde, darle un ligero azote; que no se note animado, reconvenirle. Antes de esto ambos tienen que estar acostumbrados a su mutua compañía, sobre todo el adulto, por el peligro que puede entrañar para el cachorro
  • Si un perro adulto agrede a un cachorro es que no está bien socializado o que tiene alguna anomalía genética de conducta. De todas maneras es el propietario el que debe prever como puede reaccionar el adulto
  • Si el otro, o los otros perros, son de su misma edad, hay que repetir la maniobra tal como se hacía en la primera etapa con los hermanos
  • Siempre hay que estar pendiente de los perros a la hora de comer y hacerlo de una manera personal. Este es un proceso que se debe seguir toda la vida
  • Las situaciones críticas, como la comida o las montas, no deben dejarse nunca en manos de niños sin acompañamiento de adultos9
  • Si queréis que un niño haga la maniobra de manipular la comida, debéis llevar su mano, guiarle, y actuar conjuntamente con él, protegiéndole. Nunca dejarlos solos, los niños son impredecibles e irresponsables y hay que evitar situaciones que podrían resultar críticas
  • Con una persona desconocida tenéis que actuar también de la misma manera, tal como hicisteis con el niño y con extremado tacto
  • Al principio, y luego de vez en cuando, no hay que servirle la comida de golpe, hay que darla poco a poco, gradualmente, e intentando que el perro comprenda que tú eres el proveedor. Se trata de que él aprenda a esperarla de ti y comprenda de quién viene: que viene de un dios y... que ese dios eres tu
  • Esta técnica es indispensable en perros que estén destinados a ser perros de compañía, sobre todo si tienen que convivir con niños, enfermos, o personas muy mayores
  • No impide la práctica de ninguna función, como la caza, la guarda, el deporte, estas maniobras solamente pretender fomentar el equilibrio en el perro y establecer una relación sin competencias con el ser humano y con otros perros
  • En determinadas razas, donde se repiten los casos de dominancia, este tipo de maniobras son indispensables
  • La técnica moderna, con sus comederos y bebederos automáticos, impide reforzar éste vínculo por falta de contacto personal

Con el agua

  • Aprovechar el momento en que el perro esté sediento, por ejemplo: después de hacer ejercicio. En este momento le daréis algo de agua, no toda de golpe, repetir en dosis cortas hasta que haya satisfecho su sed, pero sin hacerle sufrir en ningún momento
  • Al poco tiempo observareis que el perro, cuando tiene sed, va directamente al recipiente del agua, que debe estar vacío, y se queda expectante hasta que se la servís. Aprenderá a pedírosla y ese es un signo muy positivo de que sabe de donde viene el agua, o la comida
  • Eso no quiere decir que hagáis padecer al animal hambre o sed, aprovechar los momentos propicios

     

Si efectuáis estas maniobras correctamente aumentareis las expectativas de convivencia con vuestro perro. Por medio de ésta vinculación conseguiréis que el perro se baje del sofá o de la cama sin rechistar, que no os gruña ni dispute nada... todas estas situaciones proceden de estímulos menores que los relacionados con necesidades primarias, como la necesidad de comida o bebida

Hecho correctamente podréis eliminar también la competencia entre vuestros perros. La convivencia entre macho con hembra, o con hembras10, o con cachorros, o de hembras con hembras, o con cachorros, no deben constituir problema. Una excepción son los machos adultos entre sí. Es aconsejable separarlos cuando uno de ellos cumpla, o esté a punto de cumplir, siete u ocho meses11. Los machos adultos que viven juntos en el mismo espacio, y más aún si hay hembras con ellos, inevitablemente tienen que desarrollar formas jerárquicas agresivas, por eso deben separarse.

Conclusión:

Este trabajo está basado en dos pilares básicos:

  1. Diez años de experimentación con numerosos perros y siempre con pleno éxito
  2. El convencimiento de que la conducta del perro sano es siempre producto del medio ambiente, en este caso la imposición de una socialización forzada
     


 

1* No se puede llegar a eliminar la jerarquía, lo que se puede llegar a hacer es modificarla, es decir, llegar a ser dominantes sobre el animal en un plano de no discursión.
2* Muchas personas denominan indebidamente a la necesidad de comer como instinto. Conviene no utilizar excesivamente ésta palabra y sustituirla por la definición correcta. Un punto crítico donde pocos se ponen de acuerdo, aunque últimamente se insiste mucho y con argumentos convincentes, es la no existencia de instintos en mamíferos superiores. La palabra instinto es un cajón de sastre donde se meten todos aquellos comportamientos que no podemos explicar, pero que, bien analizados, veremos que sí se pueden explicar mediante el aprendizaje. La alimentación es una necesidad, pero no un instinto.
3* Matriarcal, no materno, puesto que establece una jerarquía.
4* La mayoría de los etólogos coinciden en que no existe impronta en los mamíferos superiores. En cualquier caso la impronta se refiere a un periodo crítico que después no vuelve a repetirse a lo largo de la vida del animal. En la alimentación esto no se cumple, luego no sería correcto hablar de impronta.
5* Algunos técnicos piensan que es peligroso llegar a este extremo, pues estaríamos privando al animal de su desarrollo natural y podríamos crear un hiperapego que desencadenaría en graves problemas de comportamiento. Yo no los he observado. En el perro generaría, de ser esto posible, una hipervinculación con el ser humano.
6* Lo llamemos como lo llamemos implica dominancia, por tanto utilizamos la jerarquía, no la hemos eliminado
7* Parece que, desde el nacimiento, incluso desde el periodo fetal, la experiencias que sufre el cachorro son importantes, por lo tanto desde el punto de vista de la socialización, y aunque el periodo más crítico va desde las seis hasta las doce semanas, el ambiente de la perra preñada y, más tarde el del cachorro, junto con las manipulaciones apropiadas, deben cuidarse desde el principio.
8* Hay que tener mucho cuidado, pues con ésta práctica se podría conseguir todo lo contrario, es decir, que lo interprete como un premio a esa conducta, que en ningún caso debemos premiar.
9* Los niños deben intervenir en la comida; siempre acompañados de un adulto, nunca solos, ya que serán el primer objetivo en su ascenso jerárquico, y con su intervención en la comida y el consentimiento del animal le damos a entender que está por encima de él.
10* Por este sistema nunca he tenido problemas jerárquicos entre hembras. No obstante conviene tener en cuenta las circunstancias particulares, como excesivo número de ellas, algunas peculiaridades de determinadas razas...
11* Algunas razas son especiales en este sentido. Por su fortaleza y dureza se pueden hacer mucho daño, por hay que evitar lo evitable, pero no obstante en todas es posible la convivencia. Por filosofía propia, evito las luchas jerárquicas, pues considero que estas fomentan la agresividad. También por qué he visto a perros relegados totalmente apagados e infelices, y que revivían cuando se les permitía salir de su situación secundaria.

 

 

 

 


 

 

                                       

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